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¿La formación de emprendedores se aprovecha?

Leyendo hoy el dossier de prensa que tan amablemente nos hace llegar la Confederación Vallisoletana de Empresarios, a través de su red social para empresarios Visnes, nos ha llamado la atención un artículo de El Norte de Castilla que comenta un estudio elaborado por Ocio Network y dirigido por Alejandro Suárez, autor del libro ‘Ha llegado la hora de  montar tu empresa’, denominado Estudio de hábitos emprendedores.

Según dicho artículo al 61,8% de los castellanos y leoneses les gustaría montar su propia empresa en los próximos años, pero solo el 23,7% sabría cómo hacerlo sin ayuda externa. Además, el 42% no sabe que existe una opción de pago único por la prestación de desempleo que facilita el emprender un negocio.

El estudio revela que revela que el 51,9% de la población estaría dispuesto a crear su propia empresa si se encontrase en paro y que solo el 15,3% de los entrevistados considera que la Administración fomenta la creación de empresas.

EI 87% de los encuestados creen que habría que modificar las normativas actuales en España para facilitar la creación de empresas, una opinión en consonancia con la media de los entrevistados en el resto de España. Asimismo, el 78,6% de los castellanos y leoneses manifiesta que habría que proteger más a las personas e instituciones que invierten en nuestro país con el fin de fomentar iniciativas emprendedoras.

En relación a las trabas administrativas, el 82,4%, cree que habría que agilizar los procesos de tramitación para abrir una empresa nueva en España. En esta misma línea, el 81,7% de los encuestados en Castilla y León afirman que no se ofrece suficiente información desde las instituciones para promover el autoempleo entre la población.

Finalmente, el 89,3% de los entrevistados en la región concluyen que ha llegado el momento de favorecer la creación de empresas en nuestro país, una opinión que comparten el 88% de los encuestados en toda España.

Nuestra opinión sobre dicho estudio es que se trata de uno de más de los miles que se hacen periódicamente, que seguramente está financiado por alguna institución pública y que consideramos que no llega al meollo del problema, limitándose a lo obvio y manido.

Es cierto que las Administraciones pertinentes deberían tener en cuenta alguna de las conclusiones para mejorar, pero sacar a relucir ahora que la población no tiene información, que las trabas son elevadísimas y que hay que favorecer la creación de empresas nos parece a estas alturas de la comedia un brindis al sol.

El artículo nos sirve sin embargo, de argumento para exponer nuestra experiencia, que creemos que puede servir para mostrar la realidad del apoyo a las personas que desean crear una empresa.

Desde el año 2005 dirigimos y coordinamos programas de formación y apoyo a emprendedores, financiados por diversas administraciones. Además desde 2007 formamos parte del grupo de consultores de la Fundación Incyde del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, habiendo participado en más de 45 programas de apoyo a la creación y consolidación de empresas.

Nuestra experiencia en este ámbito nos dice que por lo general y salvando algunos casos,  los destinatarios de esos programas; que son caros y que pagamos todos los ciudadanos; no aprovechan como deberían las oportunidades que se les ofrecen, teniendo que estar detrás de ellos para completar las actuaciones previstas y para que elaboren la documentación prevista desde el inicio y con la que se comprometieron.

Amalio Rey, en su post “Formando a emprendedores innovadores” y hablando del proyecto formativo que están llevando a cabo en Granada (Máster Executive para Emprendedores Tecnológicos e Innovadores, promovido por la agencia de desarrollo local Promálaga con la escuela de negocios Esesa y Emotools), detalla algunos principios que debería cumplir un programa de formación de emprendedores, a saber:

  • La selección de participantes es crítica
  • Aprender-haciendo significa trabajar sobre los propios proyectos y no sobre ideas ficticias. Todo lo que se enseñe debería poder aplicarse a los propios proyectos.
  • Dedicar más tiempo al desarrollo de habilidades, competencias y herramientas y menos a la adquisición de “conocimientos” y contenidos que se pueden encontrar con facilidad en Internet
  • Primar la diversidad de perfiles y proyectos para favorecer la colaboración y la innovación multidisciplinar. Mientras más complementarios sean, más hibridación. Mientras menos se solapen y disputen los mismos mercados, más sinergias y menos resistencias a colaborar.
  • Los tutores de los proyectos tienen que ser también emprendedores.
  • Priorizar una transmisión acelerada de experiencia por parte de emprendedores ya rodados, por eso de que una buena formación es la forma más barata de comprar experiencia.

Lo primero es que estos principios son válidos para la formación de cualquier tipo de emprendedores (sean tecnológicos o no) ya que si no son innovadores difícilmente podrán sobrevivir en el mundo actual.

Además, a estos criterios se les debería unir la realización de una adecuada selección basada en los siguientes criterios:

  1. Talento: vocación, aptitud y cualidades para desarrollar un proyecto empresarial
  2. Convicción de emprender: estar decididos a crear su empresa en el plazo máximo de un año, o que la hayan creado recientemente
  3. Disponibilidad para implicarse e invertir el tiempo de dedicación exigido por el programa
  4. Proyecto: presentar un proyecto o “idea de negocio” de carácter innovador que sirva de base para la creación de la futura empresa.

Estos criterios, con los que coincidimos plenamente y que aplicamos cuando podemos y nos dejan (lamentablemente muchas veces hay que trabajar con grupos ya formados y con los que no has tenido oportunidad de influir en la selección), facilitarían un mejor aprovechamiento de los recursos puestos a disposición de los potenciales emprendedores.

En resumen, seguramente haya personas en Castilla y León o en España que no tienen información sobre cómo crear una empresa, pero en un entorno como el actual en el que la información es incluso excesiva, dudo que a esas personas el adjetivo que mas les cuadre sea el de “emprendedores”.

Más sobre las Cámaras

Siguiendo con el asunto de la supervivencia de las Cámaras, me ha parecido muy interesante la entrevista con Javier Gómez Navarro, Presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio que publica hoy El País y que concuerda con el planteamiento expresado por nosotros en el post anterior.

podéis acceder a la noticia desde aquí.

Espero vuestros comentarios

Las Cámaras de Comercio ¿Sobrevivirán?

8 diciembre, 2010 8 comentarios

Es obvio que las Cámaras de Comercio están en un momento delicado en España, pero la duda es si sobrevivirán como una institución, que como la Cámara de Valladolid va a cumplir en 2011 su 125 aniversario .

En base al conocimiento sobre el tema que me aporta el hecho de haber trabajado más de 11 años en la Cámara de Valladolid (del 1993 al 2005) y de seguir trabajando para la Fundación Incyde dependiente del Consejo Superior de Cámaras desde 2007, me gustaría exponer mi punto de vista sobre un tema de interés para las empresas españolas, en especial para las pequeñas, y para las personas que deseen crear una empresa o mejorar su empleabilidad.

Vaya por delante que desde mi “yo empresario” el cuerpo me pide dar “caña”, ya que mis últimas experiencias camerales han sido abonar hace menos de un mes una cuota de 62 € (correspondiente a 2008) y pagar hace escasamente dos semanas 60 €  de matrícula por una jornada de mañana sobre la reforma laboral. Otra experiencia que pesa en mi juicio es el hecho de que, prácticamente desde 2005, nuestra empresa compite por proyectos de determinada administración con propuestas de la Cámara de Valladolid, a la que financio para que me haga una competencia que considero desleal.

Aparte de esto, mi valoración sobre las Cámaras que conozco, y conozco un montón, es positiva y podría resumirse en que disponen de un personal de alta cualificación, muy motivado, eficiente, bastante mal pagado (en comparación con las empresas y la administración) y con una estabilidad laboral manifiestamente mejorable, que representa el activo principal de la institución.

Junto a esto coexisten otros aspectos, negativos según mi opinión, entre los que destacan el “faraonismo” de algunos presidentes cuyo principal objetivo es dejar para la posteridad alguna infraestructura (vease edificio singular, vivero, sala, etc..) sin tener muchas veces en cuenta su utilidad y su sostenibilidad económica, ya que con “pólvora del Rey” se tira muy bien. En sus empresas no realizan tales dispendios porque saldrían de su cuenta de resultados. Otro aspecto mejorable es la  normativa electoral, que no favorece el cambio y la renovación de los Plenos y que es más compleja que la que regula las elecciones estatales, regionales o locales para puestos contemplados en la Constitución.

No voy a entrar en temas partidistas, pero está bastante claro que el apoyo cameral, aparte del específicamente institucional, no se vuelca en el partido que gobierna en la actualidad el estado, lo que no dice mucho en favor de la imparcialidad de estas instituciones colaboradoras de la administración.

En el otro brazo de la balanza, es decir entre las acciones positivas a mantener, destacaría la enorme labor realizada en el campo de la formación continua, ocupacional y dentro de la formación reglada, donde hay que poner de manifiesto el gran papel desempeñado por las Cámaras para conseguir la mejora en la utilidad y reconocimiento social de la Formación Profesional en España, donde como otras veces nos quedamos a medias en la aplicación de un modelo como el francés que se ha demostrado excelente. Además tengo meridianamente claro que la creación de empresas y el apoyo a los emprendedores en España no sería lo eficiente que es en la actualidad sin la implicación de las Cámaras a través de las Ventanillas Únicas, las Antenas Camerales, los Viveros, etc.

Para finalizar este análisis me gustaría exponer un aspecto a tener en cuenta a la hora de buscar soluciones, como es el diferente trato dispensado a las Cámaras por parte de sus administraciones tutelares, las Comunidades Autónomas, al tener transferidas éstas las competencias sobre las Cámaras en todo el territorio nacional.

Existen básicamente dos polos opuestos e innumerables situaciones mixtas entre ellos, en lo referente a la coordinación y colaboración entre las Cámaras y sus autoridades regionales. Por un lado estarían aquellas Comunidades en las que sus gobiernos tratan a las Cámaras como entidades colaboradoras, confiando en las mismas para desarrollar actuaciones enfocadas hacia el colectivo empresarial o al de los emprendedores, entre otros. La otra cara de la moneda son aquellas administraciones que no solo no confían en las Cámaras, sino que les ponen todo tipo de trabas administrativas y duplican con personal propio o contratado ad hoc,  funciones que podrían realizar las Cámaras, creando organismos o “agencias” paralelas normalmente menos eficientes y más caras para el ciudadano.

Expuesto mi particular punto de vista sobre la situación de las Cámaras voy a plantear aquí algunas soluciones que creo que podrían ayudar a mantener lo mejor de nuestras Cámaras.

A nivel macro, la solución principal pasa por coordinar entre el estado y las comunidades autónomas una serie de servicios o funciones a desarrollar por las Cámaras (con exclusividad y sin organismos paralelos a nivel estatal, regional o local) por los que financiar a las mismas, con unos baremos objetivos  que potencien la eficiencia y la mejora continua y basados en indicadores verificables. Junto con esto, un férreo control de los gastos suntuarios y de inversión de las Cámaras para frenar la “barra libre” en temas protocolarios (viajes, regalos, comidas, etc.) que no tienen cabida en un entorno basado en la deficiencia de recursos y crisis permanente. El coste de esos servicios, a pesar de financiarlos los ciudadanos, sería notablemente menor que si los desarrollasen otras entidades y de mayor calidad, cercanía y personalización.

Junto con esto, las Cámaras como institución deberían poner en marcha una eficaz campaña de comunicación hacia los autónomos y las empresas (especialmente hacia las pequeñas),  para convencerles de los servicios que les prestan y de la utilidad que tiene permanecer asociado a las mismas. Tienen para ello únicamente 13 meses.

Si bajamos al entorno regional, la solución pasa por reducir Cámaras (si no pueden financiarse por si mismas, lógicamente). La norma debería ser una Cámara provincial (con las delegaciones que hagan falta y se puedan mantener) o en algunos casos Cámaras supraprovinciales, pero este es un tema a tratar caso por caso porque alguna Cámara local como Sabadell tiene mayor capacidad de autofinanciación que las de muchas provincias.

A nivel micro o de Cámara concreta  la solución pasa, según mi modesta opinión, por organizar un equipo de gestión sólido y profesional formado por un/a gerente o director/a general, un/a director/a financiero, un/a responsable de marketing y un/a responsable de programas/proyectos que, escuchando y contando con el apoyo de los técnicos y del resto del personal interno y con una amplia autonomía, puedan diseñar y llevar a buen término una estrategia que facilite el mantenimiento de las actividades que funcionan y capte las necesidades existentes en su ámbito de actuación para satisfacerlas, asegurando así la sostenibilidad de la organización.

Si a esto le añadimos un sistema de compensación (tipo bono por servicios) que permita a las empresas canjear su cuota por servicios concretos de la institución y les haga ver la utilidad de su aportación,  y una normativa clara que impida a las Cámaras hacer competencia desleal hacia empresas que las financian (especialmente consultoras, gestorías, empresas de formación, etc.), consideramos que la situación mejoraría.

¿Significa esto que si se aplicasen estas propuestas todas las Cámaras sobrevivirían? Mi opinión es que no.

Lamentablemente no todas las Cámaras existentes en la actualidad (52) están en situación de afrontar este reto de modernización y adaptación y algunas de ellas deberán cerrar y traspasar sus servicios a otras Cámaras o a otras entidades.

Una alternativa a valorar, para todos los casos o unicamente en algunos, sería la fusión de las Cámaras con las Organizaciones empresariales, creando Cámaras Empresariales y ganando en estructura y recursos para ofrecer mejores servicios a las empresas. Esta alternativa, que considero lógica, seguramente sería inviable por los “personalismos”, filias y fobias existentes en todos los ámbitos en los que las personas deben tomar decisiones.

Pase lo que pase espero que, se opte por la solución que se opte, se haga lo imposible por no perjudicar al personal de las Cámaras, que como he comenzado diciendo es el principal capital de las mismas.

Lamentablemente,  me temo que en un futuro no muy lejano, vamos a ser testigos de la aplicación de medidas “imaginativas” como las que se han visto en determinadas empresas desde el inicio de la crisis que castigarán a los actores que menos culpa tienen de una situación a la que se debería haber puesto remedio mucho antes y de una forma consensuada entre las administraciones y las Cámaras, es decir que veremos despidos injustificados e injustos.

Me gustaría conocer vuestra opinión al respecto, comentando este post.

Bartolomé Zuzama Bisquerra. Ex-director de Formación y Empleo de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Valladolid (1993-2005) y Consultor de la Fundación Inyde .

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